Archive for the ‘currando con rojos’ Category

Currando con rojos…y azules

September 11, 2009

Estas líneas que nacieron con el propósito de ser un breve comentario a la serie Currando con rojos, con la que este verano nos ha deleitado Lula, ha pasado -debido a su extensión- a convertirse en un post que usurpa, título y línea argumental de dicha serie.

Hace tiempo, y a lo largo de unos años, tuve la ocasión de coincidir laboralmente con dos curiosos personajes, que acabaron convirtiéndose en dos buenos amigos. Uno de ellos, J. F., era un hombre con bastantes años más que yo, que había pasado doce años en la prisión de Burgos, por dos “delitos”: haber participado como combatiente en el bando republicano, cuando sólamente contaba diecisiete años, y ser hermano de un alto cargo del Partido Comunista.

Los años de reclusión le habían convertido lógicamente en un hombre política y socialmente resentido. Si lo primero era obviamente comprensible, lo segundo lo justificaba confesando a los escasos amigos -entre los que me encontraba- que “he terminado la carrera con veinte años de retraso y comenzado a tener hijos a la edad en la que, normalmente, se empieza a ser abuelo”.

Mis discusiones políticas con J.F. eran movidas. Criticaba, con dureza, a las dictaduras de “derechas” y justificaba con total generosidad a las dictaduras comunistas implantadas por la Unión Soviética en los países del Este.

Mi protesta ante tal falta de imparcialidad, finalizaba con una fuerte discusión y una ruptura de “relaciones diplomáticas” que duraba escasamente 24 horas. El tiempo necesario para ir a comprarle y dedicarle, afectuosamente, los Poemas de Mao-Tse-Tung, El Capital de Marx o algún texto de Marcuse. La ceremonia de reconciliación siempre tenía la misma liturgia: desenvolvía el libro, leía la dedicatoria y con lágrimas en los ojos me daba un fuerte abrazo.

El segundo personaje, que respondía a las iniciales C.S. militaba en Falange Española. Pero en una rama que reivindicaba “puntos” políticos anulados por Franco y que suponían una condena al Capitalismo: “el capital tiene que tener un fin social – me confesaba- que no se cumple en absoluto”.

Era un hombre jovial, optimista, impetuoso, pero muy responsable, que aceptaba con entusiasmo cualquier cometido laboral que se le encargaba. Pero sobre todo destacaba su gran generosidad. Una anécdota lo revela muy significativamente: un sábado fue a visitarme a mi domicilio, un chalet recién estrenado, situado en una de las urbanizaciones de las proximidades de Madrid. Mientras tomábamos café le comenté el “palo” de Hacienda por la citada compra. Cuando hacía media hora que se había marchado, unos faros rompieron la espesa niebla y se pararon en la puerta de mi casa. Era C.S. Ante mi extrañeza, me comentó que en el camino había pensado que podía estar atravesando problemas económicos y él disponía de setecientas mil pesetas -considerable suma para esos tiempos- que en aquellos momentos no precisaba. Había desandado el camino para ponerlas a mi disposición.

Mis controversias políticas con él eran similares, aunque lógicamente por motivos diametralmente distintos a los de J.F. Y se resolvían de idéntico modo. Visita a la Casa del Libro en busca de los bellos Poemas de la Falange eterna de Federico de Urrutia, los textos de José Luis de Arrese, el disco de Montañas nevadas y todo acababa con el abrazo emocionado de mutuo perdón.

Las peripecias laborales de cada uno de nosotros, nos distanciaron lamentablemente, pero en mi recuerdo han quedado para siempre aquellas encendidas, pero singulares y generosas discusiones. El único aspecto positivo es que mis costosas visitas a la Casa del Libro habían disminuido muy sensiblemente

El desengaño

August 15, 2009

Últina entrega de currando con rojos disponible en versión wiki

Se discutían los salarios, tema espinoso cuando el comité de dirección ha sido antes el comité de empresa, se ha sentado al otro lado de la mesa y conoce todos los trucos. Se llevaban meses de reuniones y no se llegaba a un acuerdo. La postura de la empresa era dura y la de los representantes laborales luchadora.

Fue esta negociación la que me colmó el vaso de la paciencia que ya estuvo a punto de rebosar cuando me dijeron que no les gustaba que fuera profesora asociada. Pero el destino quería darme una ración extra de hiel antes del desenlace.

Ocurrió que tenía que cambiar una EPROM y fui al despacho de los de HW a por unos alicates. Encontré la sala vacía y todas las mesas recogidas salvo una. Me dirigí a esa mesa que tenía un gran pliego despegado sobre el que descansaban unos alicates. Al tomar la herramienta no tuve por menos que dar un vistazo al papel que había debajo y casi me convierto en estatua de sal.

La mesa era del presidente de los representantes del comité de empresa y la sábana de papel contenía TODOS LOS SALARIOS DE LA EMPRESA. Me busqué a mí y al resto de mis colegas. Mi orgullo sufrió una punzada al comprobar que un par de colorines, de muchísima menos experiencia que yo me sacaban de ventaja unos cuantos cientos de miles de las antiguas pesetas. No me lo podía creer, pero evidentemente era cierto.

Supe que era el final y que no tenía otra opción que cambiar de trabajo. Estaba fuera de mercado y el comportamiento de los que algún día fueron rojos no tenía perdón ante mis ojos. Hubiera tolerado mejor la afrenta si ellos no tuvieran un pasado de lucha por la libertad y la justicia. Una vez que me caí del guindo y me eché unas lagrimitas no exentas de hipo, recompuse la figura y pase a la acción. Contacté con mis compañeros de “con batas y a lo loco ” y en un mes ya tenía otro trabajo.

El dueño de la mesa que tenía la hoja de salarios y la persona que me entrevistó en la nueva empresa eran tocayos y su nombre, muy poco habitual, significaba “Dios es mi salvación”. Ergo, Dios me salvó de los rojos.

Sobreviviendo

August 12, 2009

Nueva entrega de currando con rojos disponible en versión wiki

Ilustración de Jakeline Klein

La capacidad del ser humano para sobrevivir no tiene límites, viene en los genes. En aras de esta capacidad se cometen muchos abusos porque salvo que la única solución sea la rebelión, en el resto de los casos se producirá una adaptación a la nueva situación.

En la pérdida gradual del paraíso laboral, poco a poco nos fuimos adaptando sin perder las ganas de trabajar y el buen humor. Nos adaptamos a la luz cenital, evitábamos las relaciones con los colorines, sobre todo del nerd, suplíamos la falta de atención del number one mejorando la relación en el equipo, colaborando aunque trabajábamos en cosas diferentes, y manteniendo la débil llama de lo que fue el paraíso laboral con el resto de los compañeros.

Creamos un nuevo meeting point en el comedor que la empresa había habilitado con una pequeña cocina y un horno microondas. Allí nos reuníamos los viejunos, las nuevas oleadas de compañeros prefería comer fuera y a ser posible con los dueños de la empresa. En ese comedor vi al lejías comerse el plato de lentejas hasta el borde para después apretarse quince albóndigas. Desde allí organizamos las expediciones para ir a nadar en la hora de la comida y cualquier actividad extralaboral.

Se sacaba tiempo para diseñar y poner en escena bromas pesadas. Los de hardware colocaron unos catéteres transparentes en las maquetas y cuando íbamos a probar un software nuevo se ponían a fumar por el otro extremo del tubo para simular la quema de la maqueta. El trabajo se hacía muy llevadero en este ambiente de camaradería.

Pero íbamos notando que los cambios no iban a mejor. Un día decidimos hacer terapia de grupo y nos fuimos los del equipo a comer fuera de la empresa para poder hablar con más libertad. No invitamos a Paco Lenin para no ponerle en un compromiso entre su vida laboral y política. Coincidíamos todos en la falta de comunicación y de apoyo del number one, la importancia que se les daba a los colorines, lo difícil que resultaba tener que hacer el trabajo sin medios y el futuro tan negro que nos esperaba. Después del desahogo volvimos al trabajo sabiendo que tarde o temprano nos iríamos marchando.

Unas semanas más tarde, un colaborador de la empresa que era jefe de departamento en la Facultad de Informática me ofreció dar clases como profesora asociada. Me encantó la idea de volver a la Universidad y acepté. A los socios no les gustó nada mi nueva actividad académica y me hicieron saber que la empresa no veía con buenos ojos mi pérdida de disponibilidad ya que dos días a la semana me marcharía a mi hora.

Mientras, se estaba negociando el convenio salarial de ese año con ciertas dificultades, pero eso se verá en la siguiente entrega.

El nerd

August 9, 2009

Nueva entrega de currando con rojos disponible en versión wiki

En aquella época no se empleaba el término nerd, aunque o mais nerd do mundo, Guille Puertas, había alcanzado las mieles del éxito. A pesar de ajustarse bastante a la definición de nerd, no pudimos ponerle ese mote por falta de vocabulario porque en aquel entonces, aunque parezca mentira, NO HABÍA INTERNET. Le apodamos de una forma más cruel y menos cosmopolita: ozono-pino.

Como buen nerd hacía alarde de sus habilidades técnicas y no tenía en absoluto desarrolladas sus habilidades sociales. Conseguía en el primer contacto que perdieras todo el interés en mantener con él la más mínima relación. La primera impresión personal se podría traducir al lenguaje llano a: Pero este gilipollas ¿qué se ha creído?

A su poco saber estar unía un problema de olor corporal, no sé si debido a falta de higiene o a alguna glándula traidora. Todas estas circunstancias hacían de él un loner a la vez que despertaban la curiosidad de los demás desde la lejanía y corrían leyendas urbanas sobre su persona.

Una de las secretarias nos contó que una vez que le saltó una llamada de la madre nerd le preguntó:

- Señorita, ¿a que mi hijo es muy importante en la empresa? ¿a que hace unos trabajos de mucha responsabilidad?

Esto nos dio que pensar que con tal madre el nerd podría ser una nueva versión de Norman Bates, lo que explicaría su comportamiento antisocial.

Dejé de tomar café para evitar la angustia que me producía su presencia. Dadas las reducidas dimensiones de la sala del café, tenía miedo de no comportarme adecuadamente por no controlar la aprensión a su olor a tan corta distancia o por imaginármelo con un cuchillo en mano en su faceta de Norman. Sin embargo, para el lejías, hombre curtido en la mili, esto no significaba ningún impedimento para tomarse sus dosis de café hasta que un día salto la chispa que provocó una explosión de gritos y reproches.

El nerd, coherente con su comportamiento antisocial, solía tomar café pero jamás reponía la cafetera si se tomaba el último café. Un día que el lejías le pilló infraganti dejando la cafetera vacía le recriminó su falta de cooperación. El nerd, en vez de disculparse se puso gallito, lo que desató el lado salvaje del el lejías que le llamó de todo menos bonito. La frase final que pude oír desde el laboratorio fue:

- A VER SI TE LAVAS QUE HUELES FATAL.

Pasados unos días el lejías me dijo:

- ¡Cuanto me arrepiento de decirle que olía mal!, ahora ya no huele a sudor pero en vez de desodorante se ha debido comprar un ambientador de cine y ¡ahora huele a ozono-pino!

Desde ese momento ya tuvo su propio mote, un poquito cruel pero merecido.

Creciendo

August 6, 2009

Nueva entrega de currando con rojos disponible en versión wiki

Un edificio tan grande había que llenarlo de contenido. Lo que hasta el momento había sido una empresa de ingeniería electrónica aplicada al sector industrial se abría a nuevos retos. El director financiero (antes contable) amplificó un orden de magnitud su influencia sobre los dueños que escuchaban embelesados sus propuestas de ingeniería financiera. Ante el panorama económico pleno de abundancia que dibujaba el financiero surgieron ideas de todo tipo para ampliar y diversificar la visión tecnológica de la empresa. Esto dio a lugar a una nueva estrategia de crecimiento que trajo sus frutos.

Los primeros frutos fueron las nuevas contrataciones. Cada poco aparecerán dos nuevos ingenieros que no se sabía muy bien lo que hacían y que tampoco estaban muy dispuestos a contárselo a nadie. Se crearon dos castas de ingenieros, los más antiguos que trabajábamos en SW embebido(1) y los más nuevos que trabajaban en las interfaces gráficas.

La casta de los embebidos vivíamos en los laboratorios, rodeados de maquetas. Nuestros terminales eran monocromos y solo utilizábamos la línea de comandos. Hacíamos trabajos muy delicados, especializados y optimizados. Los productos tenían que funcionar en tiempo real y ser tolerantes a fallos. El fruto de todas las horas de esfuerzo quedaba grabado en una EPROM que a su vez se insertaba en un equipo HW. La visibilidad exterior del trabajo quedaba reducida a unos centímetros cuadrados y a la oscilación de los leds que daban testimonio de su funcionamiento.

La casta de las interfaces gráficas, en adelante los colorines, trabajan desde su mesa de trabajo, con grandes terminales a color. Hacían cosas muy vistosas con la mitad del esfuerzo del que tenían que emplear los embebidos. No tenían maquetas ni cacharrería y por tanto no tenían que arrastrase por el suelo para conectarlas.

La falta de comunicación y de respeto entre estas castas dio lugar a que reinase un desprecio mutuo. Los colorines consideraban a los embebidos como a unos pringaos y para dar fe de ello solo se relacionaban con los dueños. Los embebidos tenían una alta autoestima técnica y despreciaban los oropeles gráficos de los colorines, a los que tachaban de frívolos y cantamañanas.

En esta lucha de castas los dueños de la empresa se decantaron por los colorines triunfando desde ese momento la forma sobre el fondo. Los embebidos se enrocaron en sus laboratorios estrechando aún más sus relaciones con el hardware y producción.

Entre los colorines había un ejemplar inclasificable entre un nerd y Norman Bates. Pero para saber cómo era tendréis que esperar a la próxima entrega.

(1) Embebido es una mala tradución de embedded systems.

La broma

July 24, 2009

Nueva entrega de currando con rojos disponible en versión wiki

En aquellos años era costumbre gastar bromas tanto en fechas señaladas como de improviso. Cuando trabajaba con batas y a lo loco adquirí mucha experiencia en todo tipo de bromas, que solían ser del tipo pesadas y no aptas para cardíacos. La primera broma que preparé en el paraíso laboral fue un programita que corría en los MDS-80 bajo el ISIS Operating System y que simulaba formatear uno de los discos duros del servidor central.

Instalé el programa para que se ejecutara en el arranque del sistema el 28 de diciembre. Ese día llegué antes que nadie para controlar las reacciones ante la broma. Estaba merodeando por el laboratorio esperando a que alguien arrancara los sistemas de desarrollo y resultó que dí en la diana: dos de los socios fueron los que arrancaron el sistema.

El programa funcionó a la perfección y comenzó emitiendo una señal sonora antes de aparecer en la pantalla el siguiente aviso:

“Disk error #1, formatting track: 1, 2,…”

Ante este presunto desastre puede escuchar el siguiente diálogo:

- ¡Qué es esto! –comentó uno de los socios palideciendo. -
- No pasa nada nosotros tenemos nuestros programas en el disco #2 –respondió la socia con total frialdad.

Al revuelo llegaron otros compañeros que consternados veían como iban formateándose una a una las pistas del disco duro. Viendo todas las caras de susto de los chicos y que se disponían a apagar malamente el sistema, puse fin a la broma con un <CTRL><C> y quedó todo en risas.

Ahora al recordar esta broma me doy cuenta de que sería inviable trasladarla a estos tiempos. Se ha perdido mucho por el camino, entre otras cosas el humor.

El VADO

July 20, 2009

Nueva entrega de currando con rojos disponible en versión wiki

El VADO, símbolo de la propiedad privada, fue el causante de mi primer desengaño en el paraíso laboral. El acceso al edificio, mitad residencial, mitad oficinas, del paraíso laboral, estaba flanqueado por un enorme VADO. La zona prohibida para aparcar comprendía la entrada al garaje y se expandía a la entrada de peatones que conducía a unas escaleras de bajada al jardín que daba acceso a su vez a las oficinas.

Un día que no había sitio para aparcar en la calle, estacioné mi coche en la zona del VADO que no impedía la salida de vehículos y que por supuesto no causaba ningún inconveniente en la entrada y salida del edificio. Cuando salí a comer vi que mi coche, de apenas un mes, tenía un arañazo en el lateral derecho. La noticia corrió como la pólvora entre los compañeros.

Los delineantes que tenían visibilidad directa hacia dónde estaba aparcado mi coche me dijeron que la dueña del edificio había salido a pasear el perro con unas llaves en la mano y que la habían visto acercarse a mi coche. Como era una calle tan intransitada, las probabilidades de que el arañazo lo hubiese realizado alguien ajeno a la propiedad del VADO eran casi nulas.

Comenté que iba a poner una denuncia a la propietaria en la comisaría y la noticia llegó rápidamente a los oídos de los socios de la empresa. Uno de ellos me llamó a su despacho y me sugirió que no pusiese la denuncia porque podría enturbiar las relaciones con los dueños del edifico. Esta propuesta me dejó helada, no podía dar crédito a que estas personas que habían luchado en la clandestinidad contra la dictadura se arrugasen ante una pequeño-burguesa de Arturo Soria que no sabía contener sus delirios de propiedad. No solo no me defendían del ataque sufrido a mi coche sino que se ponían del otro lado.

Le respondí que lamentaba no poder seguir su sugerencia porque me sentía agredida injustamente en lo personal por la propietaria y que la denuncia era a título personal y no tenía nada que ver con mi relación laboral en la empresa. En este punto se inició lo que sería el descenso desde la nube de la utopía laboral y el desengaño mutuo. Por mi parte vi claramente que ellos iban a lo suyo y ellos vieron que yo no era tan dúctil como Paco Lenin.

Una vez en la comisaría la policía me sugirió que no pusiese la denuncia porque solo me iba a llevar a una espiral de agresiones, lo que hoy era un arañazo mañana sería una rueda pinchada. Dispuesta a que no quedara impune la agresión, aunque le estropearse las estadísticas a la policía, puse la denuncia. Resultó que al tomar mis datos el policía descubrió que éramos paisanos y a partir de ese momento se mostró más empático.

Al día siguiente me contaron los delineantes que la tarde pasada llegó un coche patrulla de la Policía y que visitaron la casa de la propietaria. No sé que le dijeron pero mi coche no sufrió ninguna agresión más. Mas tarde averigüé que el VADO tenía el doble de la longitud que le correspondía por lo que estaba pagando al Ayuntamiento y puse la denuncia correspondiente. Ese expediente se quedó en el limbo entre la desidia de la Administración Local y mi falta de insistencia.

El number one

July 17, 2009

Nueva entrega de currando con rojos disponible en versión wiki


Era el primero de su promoción; un chico inteligente y bien mandado. Alto, muy delgado, extremadamente tímido, de los que nunca miran de frente y dan la mano con poca fuerza. Era el primer jefe que no provenía de la vertiente política, su fichaje correspondía a su brillante expediente académico.

Fue mi jefe durante el tiempo que trabajé allí. No me resultó fácil colaborar con él por mi espíritu crítico que chocaba frontalmente con su pedestal de number one. Cualquier comentario que le hacía sabía de antemano que iba a saco roto, pero al menos podía decir lo que pensaba.

Fue una pena que no hiciera caso de mi sentido común cuando le advertí que los esfuerzos se tenían que hacer en el SW y que los equipos HW para desarrollo ad hoc no iban a ningún lado. Cuando me fui, dos años después, hicieron lo que yo le propuse al mes de estar allí. A veces las matrículas no dejan ver las soluciones sencillas a los problemas.

Tenía serios problemas de comunicación por su timidez que nos afectaban a sus colaboradores. Si tenía que comentar algo lo iba aplazando hasta que ya no le quedaba margen en el día y lo decía cinco minutos antes de que finalizara la jornada laboral. Cuando vi que era imposible salir a mi hora por sus tácticas dilatorias, trace un plan de contraataque. Conforme le veía venir hacia mi mesa me iba poniendo la chaqueta y cogiendo el bolso. Al final le gané esa batalla.

El Lejías y yo solíamos murmurar a sus espaldas sobre la forma sibilina que tenía de hacer las cosas. Aún recuerdo los mosqueos que se pillaba el Lejías cuando comprobaba que el munber one le había cambiado el código de sus programas por la noche.

No tengo mal recuerdo de él porque no era mala persona, solo un inteligente demasiado tímido.

Paco Lenin

July 13, 2009

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El apodo le venía por la gorra modelo Lenin que no se quitaba hasta bien entrado el verano. No era ni muy alto ni muy delgado, tenía una piel clara salpicada de pecas y los ojos achinados. Difería de Lenin en que no llevaba perilla y tenía las facciones más redondeadas.

Era el único ingeniero de a pie de la rama política. Estaba rodeado por ingenieros mercenarios que intentábamos corromper su inquebrantable sumisión hacia la jefatura. Siempre obedecía, jamás protestaba y no tenía clara la separación entre la lealtad laboral y la política. No conozco su evolución pero en los dos años que estuve trabajando allí nunca le vi flaquear en sus convicciones.

Su dialéctica era muy buena, rebatía todos nuestros argumentos. Nosotros teníamos la razón pero él siempre decía la última palabra. Así terminaban todas las disquisiciones sobre los límites de la obediencia a los jefes.

Fue muy buen compañero de cañas y completaba con su dialéctica la amena conversación del Bengo, aunque contando chistes el vasco era el mejor con diferencia. También creo que fue muy buen compañero de trabajo y que nunca nos delató ante los jefes por las barbaridades que solíamos decirle para apartarle del buen camino de la abnegada militancia en el PC.

El Bengo

July 10, 2009

Este post forma parte de currando con rojos disponible en versión wiki

Así empezaba su apellido y terminaba de tal manera que no había duda de que su origen era vasco. Alto, espigado, de pelo oscuro con incipientes entradas, ojos castaños brillantes y una permanente sonrisa en los labios que nos contagiaba a todos.

Cuando me lo presentaron tuve la sensación de que algo de él no encajaba en el ambiente general asilvestrado. Su educación, sus modales, su desenvoltura social marcaban una diferencia que quedaba despejada a la vista de los complementos que llevaba. No todos miraban la hora en un Rolex auténtico ni sus zapatos brillaban como los Sebago del Bengo.

No sé los caminos que le llevaron a aquel lugar, pero estaba encantado de trabajar por primera vez en algo que le gustaba, el hardware. Se mezclaba muy bien con la gente y sacaba partido de su extraordinaria simpatía. A pocas personas he visto contar los chistes con tanta gracia como lo hacía él.

Como buen vasco organizó la cuadrilla para el poteo post jornada laboral pero adaptada a la zona centro; solo íbamos a un bar y se admitían mujeres. Solíamos ir el jefe de HW, Paco Lenin, el Bengo y yo. Pocas veces en mi vida me he reído tanto como en aquellas rondas de tubos.

No fui consciente de que influiría en él cuando le comenté que lo suyo era la carrera comercial y no el laboratorio de bata blanca. Años más tarde me lo encontré en Saturno S.A. de visita comercial y me comentó que lo que le dije le hizo plantearse su carrera.

No sé nada de él desde hace años, pero seguro que le ha ido muy bien.




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