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¡Viva el mal, viva el capital!

August 4, 2007

-Por Gimnoto y por Farad, oh, dime la verdad, mi mágico libro de contabilidad.
Ergios, pilas y canarios, ¿quién es el más grande empresario, el que paga peores salarios, impone más duros horarios y hace de la vida de sus empleados un
calvario? ¿Quién es el más feroz propietario, el que obtiene beneficios millonarios y explota mejor a sus proletarios?

-Tú, oh Mal Cationes, eres polarizantearizante, electrizante, galvanoplástico. No tienes rival.

-Ja, ja, ja, qué mala, pero qué mala soy.

Nació en la década de los 80. Desde niña era una devoradora de libros a los que dedicaba todo su tiempo libre salvo que pusieran en la tele la “La bola de cristal“. Estaba fascinada por este programa y su personaje favorito era la Bruja Avería porque representaba el mal sin máscara. Ella se sentía segura detrás del televisor de la transparente maldad de ese muñeco de melena multicolor formada por una maraña de cables.

Cuando escuchaba los monólogos de la Bruja Avería recitados por la fascinante voz de Matilde Conesa que daba vida al personaje, dejaba de dar bocados a su pan con foigras para prestar más atención a sus apologías del mal. Todas su proclamas terminaban en un -Ja, ja, ja, qué mala, pero qué mala soy.

Pasó el tiempo y dejó de tener sentido un programa que realizaba una sátira social tan descarada. Vinieron tiempos en los que el que se movía no salía en la foto y empezaron a estar todos quietos. A la niña le quedo sólo su afición a la lectura y siguió digiriendo libros en los ratos libres que le dejaba el colegio.

Las circunstancias la predispusieron para el aprendizaje de idiomas. En el colegio estudiaba inglés como primera lengua extranjera, pero sus padres conspiraron con otros padres para que en su colegio (público) se diera una segunda, que resultó ser el francés. Descubrió que tenía facilidad para los idiomas y como eran pocos en clase empezó a hacer muchos progresos en esa lengua. Continuó sus estudios en el Instituto francés donde superó todos los niveles hasta hablarlo por los codos. Siguió con el alemán y más tarde italiano.

Con tanta lectura y tanto estudio la niña derivó en erudita políglota. Cuando llegó la hora de independizarse de casa no tuvo más remedio que ponerse a trabajar para vivir y pagarse sus estudios. Aprovechó su vena políglota para encontrar trabajos que no tuvieran mucha responsabilidad pero que el uso de otros idiomas los hicieran menos míseros en el sueldo. Fue carne de cañón de teleoperadoras que atienden servicios internacionales hasta que recaló de recepcionista en una multinacional francesa.

Los primeros tres meses trabajó subcontratada por una ETT, pero el jefe tenía grandes planes para ella y cuando finalizó su contrato la hicieron fija en la multinacional. Para demostrar lo mucho que confiaba en ella el jefe le intentó colocar un “poyaque”, es decir “pues ya que estás en la recepción atendiendo a la visitas y cogiendo el teléfono me vas a hacer una traducciones al francés”.

La erudita políglota no pasó por el aro y le hizo ver al jefe con un discurso pausado que entre sus funciones no estaba la de hacer traducciones, máxime cuando el salario que recibía se correspondía con el de una recepcionista. El jefe que veía sus planes de “eficiencia” por los suelos pasó a chantaje laboral presionando para que su recepcionista aceptase. Parece que aquello de la “Igualdad, fraternidad y libertad” y el gran sentido social de Francia se ha diluido en estos tiempos globales. El asunto de las traducciones quedó en “pues va a ser que no“.

Pero todo en la vida pasa factura y la erudita se llevó un sofoco que le repercutió en la salud y al día siguiente sufrió una crisis de una enfermedad crónica que padece y le dieron la baja laboral. Antes de que tuviera tiempo de recuperarse recibió un boureau-fax informándole que la despedían improcedentemente con una indemnización de 81 euros. Ni Mal Cationes sería capaz de tal galvanoplástico despido. Aquella maldad de la Bruja avería de la que ella se creía a salvo había salido del televisor desparramándose por la reforma laboral: Viva el mal, viva el capital.

Anodos, cátodos y filamentos… Voy a reformar la ley laboral y no me arrepiento.
¡Viva el despido! ¡Abajo los remordimientos!
¡Haremos un contrato indefinido que valga un pimiento!

Como la vida es una tómbola (tom, tom, tómbola), cuando la erudita asistió al acto de conciliación en la Comunidad de Madrid el abogado representante de la multinacional francesa al ver el pedazo de erudita que tenía delante le ofreció un trabajo de recepcionista en su bufete.

Me lo contó la erudita por teléfono mientras me tomaba un zumo de naranja natural en una plaza del sur envuelta entre aromas de jazmines y es que la vida no deja nunca de ser divertida si se mira con buenos ojos.

Sección-Reflexiones


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